viernes, 25 de octubre de 2013

CINE

Blue Jasmine (2013)

Director: Woody Allen

El argumento de esta película es sencillo pero interesante: "Jasmine era una ama de casa rica y glamurosa de la alta sociedad de New York, pero ahora está arruinada y sin casa. Por ello se ve obligada a mudarse a San Francisco a vivir con su hermana, una mujer de clase trabajadora que vive en un pequeño piso de un feo barrio obrero. Jasmine atraviesa la etapa más crucial  de una grave crisis existencial, tomando antidepresivos y para consolarse, recordando su antigua vida en Manhattan y las reuniones y fiestas con sus ricos amigos".

Otra crítica que me gustó fue la que leí en el New York Times:
"La película de Woody Allen, que sigue siendo un genio a sus 77 años de edad, nos muestra con Blue Jasmine una obra inquietante y profunda teñida con dosis de humor casi negro. Si bien los cinéfilos caerán en la cuenta que hay un paralelismo entre esta película y la de Un Tranvía Llamado Deseo.
Los opuestos, los contrastes que tanto gusta a Woody Allen, se contraponen; ella, Jasmine, en la pobreza más absoluta todavía le cuesta trabajo creer que exista gente tan desheredada, con esos tatuajes por sus cuerpos, con esos piercing en lugares increíbles, con esa ropa tan horrible y con esos peinados tan estrambóticos. 
El director del film mezcla el pasado y el presente de una mujer que se alimenta de pastillas antidepresivas para ayudarla a reciclarse cuando asiste a una  academia para aprender a hacer algo para ganarse la vida hasta que consigue trabajar como recepcionista en una clínica dental."


Un Cuento casi verdadero

Papá me protege

Adolfo fue a recoger a la estación de ferrocarril a su hijo Pedro que venía de la capital a pasar la vacaciones de navidad al pueblo. El coche que conducía era un robusto Seat 1430 cuyo motor rugía con rabia cuando subía las cuestas. 
Pedro, a sus 19 años de edad siempre fue un botarate. El garbanzo negro de la familia, tan diferente a sus otros tres hermanos. Fue expulsado de diferentes internados y no llegó ni a terminar el bachillerato; ahora estaba matriculado en una academia privada para prepararse de no se qué zarandaja para trabajar en la administración pública. De todas formas, ese trasto, como le llamaba su madre cuando se enfadaba con él, vivía en otra ciudad y ellos, los padres moraban con tranquilidad en su hogar.

En la estrecha y revirada carretera que subía al pueblo pedaleaba con dificultad Jacinto, que en su vieja Orbea iba al corral donde guardaba cabras y cerdos para echarles el pienso.
Adolfo, bajo la mortecina luz de los faros, vio como algo, de color parduzco, se puso en su trayectoria y fue atropellado. Pedro que estaba adormecido  se sobresaltó por el impacto y el brusco frenazo. Adolfo desconectó el motor y bajó del vehículo para comprobar espantado que habían atropellado a un hombre.
Hemos matado a un hombre - exclamó lívido Adolfo mientras cogía con fuerza el brazo de su hijo.
Hemos, no. Ha sido tú. No me impliques, papá. Adolfo miró a ambos lados de la oscura carretera y vio que no circulaban coches. Ordenó a su hijo que cogiera por los pies al muerto y él lo sujetó bajo las axilas y lo llevaron hasta el cercano barranco conocido como el Arrumbadero por donde arrojaron el cuerpo. Un barranco estrecho y muy profundo, casi tapado por la vegetación salvaje. También arrojaron la bicicleta.

Casi a finales del verano se descubrieron los restos de lo que quedaba  de Jacinto y de lo que sería una bicicleta oxidada. Las autoridades dedujeron que fue asesinado por algún marido de esas mujeres casadas que él solía cortejar. Ya investigarían en el círculo próximo del pastor.

Pedro tiene ya 46 años de edad y vive de una subvención vitalicia que le pasa su padre mensualmente pese a las protestas de sus hermanos y de la madre, harta de soportar al "trasto" y al vago de su hijo. 
Cuando el hijo pródigo vuelve a casa por algún evento familiar y sale la conversación sobre su protección él mira a su anciano padre y sonríe.



sábado, 28 de septiembre de 2013

UN CUENTO IMPERFECTO

Una despedida fatal

Gabriel contaba los meses para jubilarse  como profesor de un instituto público (IES San Eufrasio). Se jubilaría anticipadamente para poder disfrutar de una vida relajada dedicada a sus aficiones, junto a sus esposa Marta y sus dos gatos siameses.
A sus 61 años de edad estaba ya cansado de soportar a esos mozalbetes ineducados y vociferantes que los autobuses escolares vomitaban todas las mañanas tras recogerlos en los pueblos aledaños al pueblo de San Eufrasio. Que los aguanten sus padres -decía Marta- cuando lo veía triste a la vuelta a casa tras haber tenido cualquier altercado con algunos o algunas de ellos.

Isabel a sus 16 años tenía una precocidad insoportable, era descarada, mal educada, desvergonzada, sexualmente errática y con un humor tan cáustico que la hacía difícil educar. Fue suspendida en tres asignaturas por don Gabriel, por ese viejo de mierda, como  ella decía a sus compañeros de clase mientras que pensaba para sus adentros, ya, ya le enseñaré yo a ese hijo de p... quien soy yo.

Faltaba tres semanas para los exámenes finales del curso. Isabel sabía de antemano que suspendería en todas las asignaturas: demasiados botellones, demasiado chocolate y demasiado sexo distrajo su poco interés por los estudios.

Aquella tarde de mayo entró en el aula donde se encontraba Gabriel corrigiendo unos trabajos. Faltaba media hora para comenzar las clases. La chica se acercó al profesor con una sonrisa diabólica en su cara. Se le quedó mirando al mismo tiempo que se refregaba los labios y la cara con la palma de su mano para correrse la pintura. De pronto, en un flash se desgarró la fina camisa y se bajó el sujetador a la vez que comenzó a gritar como una posesa. Los alumnos que estaban en el pasillo entraron corriendo y encontraron a Isabel en el regazo de Gabriel que se debatía por quitársela de encima pero que ellos interpretaron como un ataque físico vicioso.

La dirección del instituto suspendió cautelarmente de empleo a Gabriel. La Asociación de Padres junto con los alumnos se manifestaban a diario frente a la puerta del instituto con pancartas: "No al abuso sexual  a menores." Los compañeros de trabajo evitaban hablar con el imputado que después de pasar setenta y dos horas en los calabozos del cuartelillo el juez lo dejó en libertad bajo fianza a la espera de un juicio que probablemente perdería. La presión de los medios de comunicación era espantosa condenándolo y todo el mundo en el pueblo se echaba manos a la cabeza por el ataque sexual de un hombre maduro a una niña de 16 años. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El síndrome de Viridiana

La novela de Benito Pérez Galdós "Halma" inspiró la película Viridiana al gran director de cine Luis Buñuel. En la película se cuenta la bondad de una señora que recogió a mendigos, indigentes y vagabundos y los llevó a su casa de campo para ser educados en la religión católica, en el amor fraternal y en la solidaridad.
Cuando Viridiana, la señora,  marchó a la ciudad por un par de días estos recogidos y recogidas montaron una orgía y donde, entre otras cosas, se mofaron de la bondad de la "beata" Viridiana. Representaron la sagrada cena en un acto de barbarie antirreligiosa e incluso cuando vuelvió esta dama y vió el desorden y el caos, el indigente más feo y repulsivo intentó violarla. 
Moraleja: No metas en tu pecho culebras que aparentan necesitar calor porque cuando despierten...

El síndrome de Viridiana se ha dado en la vida real en diferentes casos. Personas buenas que han intentado ayudar a degenerados o degeneradas y estos las han robado e incluso las han asesinado.
El caso que me contaron me sublevó al máximo. Doña Lola, una médica jubilada de 85 años tenía a su servicio a una criada que iba a casa tres veces por semana, para limpiar la casa, poner la lavadora y la secadora y plancharle la ropa.
La sirvienta, Rafi, era una inmigrante ilegal de allende los mares que consiguió a sus 52 años los papeles para quedarse a trabajar en España gracias al buen hacer de doña Lola. Con el tiempo llegaron a ser casi como hermanas ya que la médica jubilada la trataba con cariño y respeto dada su educación humanista católica y su conciencia para ayudar al necesitado. También le avaló un crédito para que Rafi comprara un piso y poder traer a su familia: una hija soltera con dos niños.
Un día Lola descubrió que las joyas que ella guardaba en la caja de taracea habían desaparecido. Habló con Rafi y esta negó que ella no sabía nada. En la casa de la doctora no entraba nadie, luego era evidente que ella era la ladrona.
El abogado de Lola le dijo que demostrar que su criada la había robado era dificultoso y que de todas maneras, si la pillaban en el hurto pasaría solo unos meses en la cárcel. 
Doña Lola pensó en las consecuencias para Rafi, su hija soltera, sin trabajo, y sus dos nietos. Prefirió prescindir de su servicio antes que denunciarla y muy doloridamente la echó a la calle.
Rafi dejó de pagar la hipoteca y se declaró insolvente. Actualmente Lola  está pagando la hipoteca del piso a la ladrona que le dio su confianza y su cariño.
Así es la vida. A veces es mejor desconfiar de esas personas "agradables y serviciales" y aferrarse al dicho de "Cada mochuelo a su olivo". 

miércoles, 28 de agosto de 2013

CINE CLASICO

September

Director: Woody Allen, 1987.
Mia Farrow, Dianne Wiest, Jack Warden.

Recomiendo a los cinéfilos ver, otra vez, la película "September" por una única razón, porque ya estamos en el mes de septiembre y porque representa una ruptura de un período corto y banal del año, el verano, y entramos en una catarsis de convivencia difícil, fascinante y necesaria. 
En esta genial película de W. Allen se muestra como las personas están influenciadas por las estaciones del año, por su entorno y por la educación recibida y a veces mal digerida.

Mr. Allen sigue la pauta marcada por I. Bergman con un film lento, armonioso, elegante, de un gusto exquisito en la decoración, la música y sobre todo con la iluminación, sin olvidar una interpretación excelsa. Un no va más del buen cine.

Acaba el mes de agosto, el verano se va y comienza septiembre cogiendo "atrapado" en una casa de campo a varias personas. Entre ellas surgen y se muestran los conflictos y las debilidades humanas: una invitada casada y cansada de su matrimonio está allí y casi se deja seducir por otro invitado. Una señora mayor, que antes fue una actriz, es un ser fogoso y vitalista ("Fíjate Fraser, que cara de vieja tengo y que alma de joven encierra mi cuerpo"- se dice mientras se mira al espejo). Una joven neurótica y depresiva que le echa la culpa de su fracaso  a todos y a todas. Y otros personajes que reflejan la sociedad en la que vivimos.

En definitiva, September puede ser una película pesimista pero a la vez encantadora con esos diálogos inteligentes entre personas cultas y refinadas, con una puesta en escena espectacular: la luz de una vela mal ilumina un salón y la música de un piano envuelve el ambiente. Esas miradas furtivas entres hombre y mujeres con mensajes de  deseos insatisfechos. Toda esa magia que existe entre personas cuando creen que no están sujetas a convencionalismos manidos.

El cáncer del Planeta Tierra se llama superpoblación.

Produce sarpullidos para un occidental contemplar esa masa humana que deambula, a cualquier hora del día, por las calles de una ciudad como Bombay o Lagos u otras ciudades asiáticas o africanas. ¿Dónde van? ¿Para qué sirve toda esa gente?

 Una vez nos dijeron que si toda la riqueza del mundo estuviera bien distribuida nadie pasaría hambre, quizá llevaron razón a exponer esta teoría pero aparte de comer el ser humano necesita otras cosas para vivir. Lo que no me contaron, desde el punto de vista de una educación progresista, es que si los siete mil millones de seres que habitamos la Tierra alcanzásemos un nivel de vida similar al de cualquier ciudadano europeo, el mundo se colapsaría por falta de recursos.

Bangladesh tiene una población de casi 162 millones; el 90% de estos viven en la pobreza, luego ¿Por qué y para qué las mujeres más pobres de los países más atrasados engendran individuos? Quizá alguien se atrevería diciendo que la copulación es el único placer que estos y estas desheredadas o que nadie les ayuda para usar algún método anticonceptivo. Bobadas, una mujer, aunque viva en plena selva amazónica, sabe siempre como fornicar sin quedarse embarazada.
Las mujeres de las favelas de Sao Paulo paren una media de diez o quince hijos (por lo general de diferentes machos) mientras que las empleadas de cualquier oficina de esa misma ciudad tiene una media de dos o tres hijos. Cuestión de educación.

El progreso actual de China se debe principalmente a la política del presidente Mao Tse Tung que obligó a los matrimonios no tener más de un hijo. De lo contrario China tendría hoy una superpoblación superior a la India.

Ahora bien, ningún gobierno intenta plantear un control exhaustivo de la natalidad para no enfrentarse a un pueblo fanatizado por religiones que ordenan lo contrario y sobre todo a evitar una dialéctica con los habitantes "más machos" que prefieren preñar a su pareja antes de usar perseverativos por considerarlos un insulto a su masculinidad.

No hay duda que sobramos gente en la Tierra, y lo peor de todo, ningún método natural podrá regular la balanza de ese crecimiento  de terrícolas. ¿Hasta cuando aguantará el Planeta Tierra tanta canalla pisando su suelo?

sábado, 27 de julio de 2013

Clichés familiares (Cuando algunos hijos e hijas salen ranas)

Dos microrrelatos para un verano más.

Se fue una hija y volvieron tres bocas más.
Marta era hija de unos prósperos tenderos del pueblo que convenció a sus padres para que le costeara una carrera de esas inútiles que tanto abundan en nuestras universidades.
Mi hija es muy estudiosa -comentaba su madre a las clientas de la tienda-  no vino en estas vacaciones pasadas porque nos dijo que tenía que preparar el trimestre próximo.
Un día apareció Marta sin avisar con un bebé en los brazos y un jovenzuelo con cara de estúpido a su vera, el padre.
Después del estupor familiar y de las explicaciones sin sentido de la hija no tuvieron más remedio que aceptar y soportar a la nueva comparsa familiar en el hogar. 
¡Qué vamos hacer! -se quejó la madre al marido. Se fue una boca y aparecieron tres. Espero que la tienda pueda alimentar a todos nosotros.


El hijo del notario.
Luis, el hijo más pequeño del notario don Zacarías, consiguió ser el segundo de su promoción en la carrera de derecho. Hablaba dos idiomas, tocaba el piano y tenía una vasta cultura pese a su edad. 
El verano siguiente a su licenciatura marchó a Londres para perfeccionar su inglés, ya que en el próximo otoño comenzaría a prepararse para la oposición a notaría.
Luis se enamoró allí de una chica pakistana que asistía a la misma academia que él. Era feílla, renegrida y más pobre que una rata pero encandiló y enamoró al licenciado ya que este nunca antes había tratado a ninguna mujer.

 La boda se celebró en un destartalado salón del East End (la zona más deprimida de Londres). Cuando la madre y el hermano mayor de Luis se bajaron del taxis y entraron en la sala se pasmaron al ver un grupo de mujeres vestidas con saris en un extremo de la nave y en el otro extremo un grupo de hombres aturbantados hablando en hindi.
 El padre de Luis no quiso asistir a la boda porque decía que ya estaba bien de soportar esa  extravagancia de su hijo, que el muy estúpido prefirió quedarse en la City trabajando como dependiente en un bazar familiar de la novia antes que prepararse para ser un señor notario.