sábado, 31 de marzo de 2012
viernes, 30 de marzo de 2012
El alcohol, la droga más barata para domesticar a las masas
Una de las mayores vergüenzas para Andalucía son las demasiadas frecuentes concentraciones al aire libre, en plena calle, de jóvenes y no tan jóvenes para consumir alcohol: la botellona, como un medio para olvidar que ellos mismos son unos don nadie. Lo peor de todo es que ante la imposibilidad de erradicar este vicio callejero algunos ayuntamientos han habilitado espacios para que allí se emborrechen, vomiten, meen y todo lo que quiera pero sin molestar a los ciudadanos.
Imagino que estas personas asiduas al botellón/botellona no saben que el consumo continuado de alcohol merma la capacidad de raciocinio y el afán de superación cayendo en un conformismo anómalo y cobarde.
Potenciar el consumo de alcohol fue una estrategia usada por el imperio británico en sus colonias de Sudafrica e Irlanda para domesticar a los jornaleros en su tiempo libre evitando así rebeliones o formaciones de sindicatos que lucharan contra la explotación obrera.
En Africa del Sur el gobierno de S.M. levantó pabellones abiertos donde se vendía una cerveza de baja calidad y alta graduación que emborrachaba fácilmente a esos desnutridos negros que trabajaban de peones en las enormes plantaciones o como obreros en las minas.
El caso de Irlanda fue más descarado. Ya no eran negros o salvajes como les llamaban los británicos sino vecinos, blancos, pero sometidos al imperio. Un inglés afincado en aquella isla inventó una cerveza basta, negra, espesa y con una alta graduación alcohólica, la stout: la Guinness, que mucho después, paradójicamente, se hizo famosa y ahora es la seña de identidad de Irlanda. Como decíamos, esta cerveza se ofrecía a un precio barato para facilitar que los obreros del puerto de Dublín se embarrochara al final de la jornada laboral y fueran beodos a casa para descargar en su esposas e hijos tremendas palizas que los liberaben del estrés de una inhumana explotación.
Es triste ver a una parte de nuestros jóvenes mamando de una botella compartida cuando a partir de cierta edad se debe uno centrar en su formación cívica y profesional para intentar ser alguien en un futuro y no un cantamañanas o un soplatubo inútil.
Imagino que estas personas asiduas al botellón/botellona no saben que el consumo continuado de alcohol merma la capacidad de raciocinio y el afán de superación cayendo en un conformismo anómalo y cobarde.
Potenciar el consumo de alcohol fue una estrategia usada por el imperio británico en sus colonias de Sudafrica e Irlanda para domesticar a los jornaleros en su tiempo libre evitando así rebeliones o formaciones de sindicatos que lucharan contra la explotación obrera.
En Africa del Sur el gobierno de S.M. levantó pabellones abiertos donde se vendía una cerveza de baja calidad y alta graduación que emborrachaba fácilmente a esos desnutridos negros que trabajaban de peones en las enormes plantaciones o como obreros en las minas.
El caso de Irlanda fue más descarado. Ya no eran negros o salvajes como les llamaban los británicos sino vecinos, blancos, pero sometidos al imperio. Un inglés afincado en aquella isla inventó una cerveza basta, negra, espesa y con una alta graduación alcohólica, la stout: la Guinness, que mucho después, paradójicamente, se hizo famosa y ahora es la seña de identidad de Irlanda. Como decíamos, esta cerveza se ofrecía a un precio barato para facilitar que los obreros del puerto de Dublín se embarrochara al final de la jornada laboral y fueran beodos a casa para descargar en su esposas e hijos tremendas palizas que los liberaben del estrés de una inhumana explotación.
Es triste ver a una parte de nuestros jóvenes mamando de una botella compartida cuando a partir de cierta edad se debe uno centrar en su formación cívica y profesional para intentar ser alguien en un futuro y no un cantamañanas o un soplatubo inútil.
LIBROS
Mis libros de viajes.
Un día eché un vistazo al fichero de mi biblioteca, que está ordenada según el C.D.U. y ví que tenía bastante libros sobre viajes, aparte de infinidad de guías de todos los sitios que visité a lo largo de la geografía española. Saqué tres fichas de aquellos libros que más me gustaron:
Manual para viajeros por Andalucía y lector en casa.
Richard Ford narra su viaje por la España romántica de la primera mitad del siglo XIX.
"Los andaluces fueron siempre la gente más elegante, refinada y sensual de la Península"
"La manzanilla de Sanlúcar tiene un delicado color pajizo y es extremadamente sana; da fuerza al estómago, sin calentar ni embriagar como el vino de Jerez"
"En la Sierra de Segura hay tantos lobos que apenas se pueden tener rebaños de ovejas"
The Face of Spain.
Gerald Brenan (Edición en inglés de Penguin Book, 1965)
Nota.- Considero este libro como el mejor testimonio de la posguerra española ya que Mr. Brenan visitó nuestro país en 1949.
"Uno no puede pasear por las calles de Córdoba sin horrorizarse por la pobreza que se ve. El tipo de vida de los campesinos andaluces es baja, pero en esta ciudad es peor. Uno ve a hombres y mujeres cuyos rostros estan cubiertos de suciedad porque están tan débiles o están tan sumidos en la desgracia que son incapaces de lavarse"
"Los españoles incultos, que son mayoría, adoran a casi todo en forma de relicario religioso: Gotas de Leche de la Virgen en la Cámara Santa de Oviedo; un frasco con el aliento de la borrica del Portal de Belén; una pluma de un ala de la Paloma del Espíritu Santo"
Iberia.
James Michener. Visitó nuestro país en varias ocasiones. Es muy agudo y perspicaz en sus observaciones sobre una época a la que tengo un afecto especial, la de mi juventud: años 60.
"En 1963 vi una celebración de una boda de jornaleros pobres. Me encontraba sentado en el porche de un café de Trujillo cuando llegó una camioneta llena de campesinos endomingados. Se bajó del vehículo una novia terriblemente fea y vestida con un traje blanco que le sentaba fatal: después se apeó el novio para seguirle una decena de invitados. Todos se acercaron a un puesto de helados y allí pidieron un helado de corte para cada uno. Supongo que ese sería el banquete nupcial. Se comieron los helados en la sombra para subirse después a la camioneta y volver a Madellín que era de donde vinieron."
"En Toledo en 1961 me alojé en un hotel en una habitación que daba a un patio que era un taller mecánico. Desde mi ventana vi unas motos raras, de un tipo nunca visto por mí, tenía tres ruedas, las dos traseras soportaban una caja como un camión y cuando la arrancaba para probarlas hacía un ruido infernal. Me enteré después que la llamaban motocarros"
Un día eché un vistazo al fichero de mi biblioteca, que está ordenada según el C.D.U. y ví que tenía bastante libros sobre viajes, aparte de infinidad de guías de todos los sitios que visité a lo largo de la geografía española. Saqué tres fichas de aquellos libros que más me gustaron:
Manual para viajeros por Andalucía y lector en casa.
Richard Ford narra su viaje por la España romántica de la primera mitad del siglo XIX.
"Los andaluces fueron siempre la gente más elegante, refinada y sensual de la Península"
"La manzanilla de Sanlúcar tiene un delicado color pajizo y es extremadamente sana; da fuerza al estómago, sin calentar ni embriagar como el vino de Jerez"
"En la Sierra de Segura hay tantos lobos que apenas se pueden tener rebaños de ovejas"
The Face of Spain.
Gerald Brenan (Edición en inglés de Penguin Book, 1965)
Nota.- Considero este libro como el mejor testimonio de la posguerra española ya que Mr. Brenan visitó nuestro país en 1949.
"Uno no puede pasear por las calles de Córdoba sin horrorizarse por la pobreza que se ve. El tipo de vida de los campesinos andaluces es baja, pero en esta ciudad es peor. Uno ve a hombres y mujeres cuyos rostros estan cubiertos de suciedad porque están tan débiles o están tan sumidos en la desgracia que son incapaces de lavarse"
"Los españoles incultos, que son mayoría, adoran a casi todo en forma de relicario religioso: Gotas de Leche de la Virgen en la Cámara Santa de Oviedo; un frasco con el aliento de la borrica del Portal de Belén; una pluma de un ala de la Paloma del Espíritu Santo"
Iberia.
James Michener. Visitó nuestro país en varias ocasiones. Es muy agudo y perspicaz en sus observaciones sobre una época a la que tengo un afecto especial, la de mi juventud: años 60.
"En 1963 vi una celebración de una boda de jornaleros pobres. Me encontraba sentado en el porche de un café de Trujillo cuando llegó una camioneta llena de campesinos endomingados. Se bajó del vehículo una novia terriblemente fea y vestida con un traje blanco que le sentaba fatal: después se apeó el novio para seguirle una decena de invitados. Todos se acercaron a un puesto de helados y allí pidieron un helado de corte para cada uno. Supongo que ese sería el banquete nupcial. Se comieron los helados en la sombra para subirse después a la camioneta y volver a Madellín que era de donde vinieron."
"En Toledo en 1961 me alojé en un hotel en una habitación que daba a un patio que era un taller mecánico. Desde mi ventana vi unas motos raras, de un tipo nunca visto por mí, tenía tres ruedas, las dos traseras soportaban una caja como un camión y cuando la arrancaba para probarlas hacía un ruido infernal. Me enteré después que la llamaban motocarros"
Cada edad tiene su propio paraíso
Sigo en contacto con algunos excompañeros de trabajo vía e-mail. Luis, un sevillano que estuvo trabajando conmigo en la sucursal de Valladolid me escribió hace un tiempo para contarme su experiencia viajera en la República Dominicana.
"Mis hijos nos regalaron, a mi esposa y a mí, un semana en aquella isla caribeña. Era el mes de julio y todo estaba repleto de turistas españoles. Hacía un calor sofocante, húmedo y pegajoso y llovía por las tardes con frecuencia. Moscas por la mañana y mosquito por la noche. Pero lo peor de todo era aquella dichosa música que llaman merengue. Te acercabas a un chiringuito de artesanía y allí estaba la radio o el reproductor de cassettes (todavía usan allí este anticuado artilugio) a tope con esa música repetitiva y cansina. Pasa por un barrio de chabolas y dale con el puñetero merengue. Hicimos una excursión en bus y lo primero que hizo el conductor es poner un merengue ¡Qué dolor de cabeza! Es más, en una excursión que se empeñó hacer mi esposa a lomo de mulas para ver un sitio, que según ellos, estaba aún virgen, me tuve que tragar durante casi medio trayecto esa musiquilla semisalvaje y estridente que el mulero que llevaba mi bestia ponía en su reproductor de música.
Conoces a mi mujer, es una pesada pero ahora a la vejez es más cansosa aún: "¿Para que hemos venido a este país en vez de visitar el norte de Italia o Suiza?" "¿Cuándo volvemos a Sevilla?" "¿Y aquí que hay que ver aparte de la playa que no es mejor que Matalascañas?".
Es lo que yo digo a cada edad lo suyo. La gente joven viene aquí al ñaca-ñaca, a ligar bailando merengue y a beber mojitos o como se llame. Nosotros somos más de hoteles o paradores con buenos restaurantes, silenciosas y frescas habitaciones, por supuesto sin moscas ni mosquitos, para echar la siesta y pasear en excursiones programadas a lugares que tenga algo curioso que nos sorprenda.
Que ya vamos por los 70 años y esto del merengue, de las mulatas en bikini y de los mosquitos son regalos que yo hago a quien quiera.
"Mis hijos nos regalaron, a mi esposa y a mí, un semana en aquella isla caribeña. Era el mes de julio y todo estaba repleto de turistas españoles. Hacía un calor sofocante, húmedo y pegajoso y llovía por las tardes con frecuencia. Moscas por la mañana y mosquito por la noche. Pero lo peor de todo era aquella dichosa música que llaman merengue. Te acercabas a un chiringuito de artesanía y allí estaba la radio o el reproductor de cassettes (todavía usan allí este anticuado artilugio) a tope con esa música repetitiva y cansina. Pasa por un barrio de chabolas y dale con el puñetero merengue. Hicimos una excursión en bus y lo primero que hizo el conductor es poner un merengue ¡Qué dolor de cabeza! Es más, en una excursión que se empeñó hacer mi esposa a lomo de mulas para ver un sitio, que según ellos, estaba aún virgen, me tuve que tragar durante casi medio trayecto esa musiquilla semisalvaje y estridente que el mulero que llevaba mi bestia ponía en su reproductor de música.
Conoces a mi mujer, es una pesada pero ahora a la vejez es más cansosa aún: "¿Para que hemos venido a este país en vez de visitar el norte de Italia o Suiza?" "¿Cuándo volvemos a Sevilla?" "¿Y aquí que hay que ver aparte de la playa que no es mejor que Matalascañas?".
Es lo que yo digo a cada edad lo suyo. La gente joven viene aquí al ñaca-ñaca, a ligar bailando merengue y a beber mojitos o como se llame. Nosotros somos más de hoteles o paradores con buenos restaurantes, silenciosas y frescas habitaciones, por supuesto sin moscas ni mosquitos, para echar la siesta y pasear en excursiones programadas a lugares que tenga algo curioso que nos sorprenda.
Que ya vamos por los 70 años y esto del merengue, de las mulatas en bikini y de los mosquitos son regalos que yo hago a quien quiera.
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